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viernes, 9 de noviembre de 2007

Paradoja de Newcomb




Esta paradoja, enunciada por William Newcomb, se basa en la hipotética existencia de oráculos perfectos. Como un oráculo perfecto puede ser un viajero del tiempo que ha ido al futuro y vuelto después, ésta es también una paradoja temporal.

A un jugador se le presentan dos cajas, una abierta y la otra cerrada. El jugador puede escojer llevarse sólo la caja cerrada o llevarse las dos. La caja abierta contiene mil euros. La caja cerrada puede contener un millón de euros o puede estar vacía. Supongamos que existe un oráculo perfecto. El contenido de esta caja lo ha decidido el oráculo antes de que al jugador se le presenten las dos cajas. El oráculo ha decidido que, si el jugador elije sólo la caja cerrada, ésta contendrá un millón de euros, pero si el jugador elije llevarse las dos, la caja cerrada estará vacía.

El jugador se encuentra ahora frente a las cajas, conoce la mecánica del juego pero no la decisión del oráculo, y le toca decidir. Si elije llevarse sólo la caja cerrada, ésta, según la mecánica del juego y suponiendo que el oráculo es infalible, contendrá un millón de euros. Pero si elije llevarse las dos, la caja cerrada estará vacía y el jugador sólo obtendrá los mil euros de la caja abierta.

Aperentemente el jugador debería elegir llevarse sólo la caja cerrada con su millón de euros pero, sea cual sea el vaticinio del oráculo, éste ya ha sido realizado: la caja cerrada estará llena o vacía, pero su contenido no va a ser ya modificado. ¿Qué impide al jugador elegir las dos y llevarse además los mil euros?

Existe un segundo enunciado de esta paradoja. Supongamos que la caja cerrada es de cristal y el jugador puede ver su contenido. Si el oráculo vaticina que el jugador va a elegir llevarse sólo la caja cerrada, ésta contendrá un millón de euros. Cuando al jugador se le presenten las dos cajas verá la caja de cristal llena, como consecuencia del vaticinio del oráculo pero, ¿que le impide elegir además la caja abierta con sus mil euros? Por el contrario, si el oráculo vaticina que el jugador elegirá llevarse las dos, la caja cerrada estará vacía. Entonces, el jugador, ofendido por verse privado de la posibilidad de llevarse un millón de euros, puede decidir llevarse sólo la caja cerrada y demostrar así que todo es un fraude.

El caracter paradójico de este juego se basa en la suposición de la existencia de oráculos perfectos. El enunciado original, en el que se supone la posibilidad de existencia de oráculos perfectos (o de viejeros temporales) cuestiona la existencia del libre albedrío. Es decir, el jugador situado frente a las dos cajas elegirá aquello que esté destinado a elegir. Por esta razón, algunos filósofos han concluído que esta paradoja demuestra la imposibilidad de los oráculos perfectos (o de los viajes en el tiempo), conclusión que parece reforzada por la variante de la caja de cristal.



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